Un espacio para criticar y hablar de los temas más escalofriantes de la Seguridad IT.
Al igual que políticos como Madrazo, Noroña o Espino, cantantes de pop como Pau, Mijares o alguno de los integrantes de RBD (en proyectos personales, todo ellos iguales de mediocres desde mi punto de vista, pero obvio cada quien sus gustos), yo también regreso con la idea una vez más de despertar en ustedes (par de lectores) el interés de comentar mi historia o el de mentarme la madre (mentada que por cierto será moderada por seguridad de los lectorcitos de este blog, porque nosotros como quiera, pero ¿y los niños, que alguien piense en los niños por amor a Dios?).
Así pues, regreso con un tema que no es de seguridad pero que termina con una reflexión de seguridad y una interesante noticia sobre mi vida personal, que involucra a la meca del llamado séptimo arte, es decir Hollywood, y a la ciudad del pecado, es decir Las Vegas.
La semana pasada estuve en el Vision 2011 de Symantec, evento en el que se trató de resolver y cuestionar los principales retos que las empresa de todo el mundo enfrentan en materia de ciberseguridad. Y vaya que son tiempos complejos, porque no solo se trata del crecimiento de los dispositivos móviles, las redes sociales, el cómputo en la nube, sino de aprender a controlar y administrar todo lo que tenga un aspecto tecnológico dentro de una compañía, incluido el refrigerador o cafetera si resulta que estos tienen conexión a la red. Sin embargo, Aunque me corran no es el espacio para tocar dichos temas y a los interesados en conocer lo discutido en el evento los invito a visitar www.bsecure.com.mx.
5:30 pm Adiós a mi privacidad, pero bienvenida la fama

Los pies ya me pesaban. Y pensar que el trayecto parecía cercano, al menos así se veía a simple vista, pero ese es el problema de Las Vegas todo se ve a distancia, todo se siente cerca, todo es opulencia y gigantismo. Lo que parecen unos simples pasos terminan por convertirse en una caminata kilométrica, en la que invariablemente uno gasta o pierde algo. Dinero. Fuerza. Peso. Integridad. Yo perdí un poco de todo si soy honesto. Y para colmo el viaje fue en vano. Mi trayecto nunca dio con los famosos tenis edición especial que debía conseguir, al igual que la sobriedad y la discreción, las famosas “zapatillas” no existían por ningún lado en Las Vegas. Con la derrota de los tenis en la mente comencé mi caminata de regreso. Recuerdo que eran cercanas las 6:00 de la tardeporque debía estar de regreso en el hotel donde me hospedaron justo a esa hora, para continuar con las actividades de la “agenda”. Sin duda llegaré tarde, pensé. Aun así, mis pies eran incapaces de apresurar el paso y correr estaba descartado, más que por el cansancio por la sospecha que podría atraer a las autoridades un “turista mexicano”, corriendo a toda velocidad en medio de Las Vegas Boulevard. Robó algo, dirán. Escapa de la migra, concluirán algunos más. Mejor no levantar sospechas innecesarias, mejor caminar bajo el sol del desierto. Así fue como llegué a la esquina de uno de los hoteles más famosos de la ciudad, el Bellagio y sus famosas fuentes chorreantes. Mientras miraba a la gente que se apresuraba para apartar un buen lugar donde presenciar el repetitivo pero absorbente show de música y agua de las fuentes, noté un letrero en medio de la banqueta con un mensaje que me emocionó y más tarde me hizo pensar.


6:10 pm En el set de grabaciones

Emocionado como turista asiático tomé la cámara que llevaba en el bolsillo y comencé a disparar sin cesar. A la genta, a la calle, al Bellagio, a las fuentes, a los transeúntes, a mí mismo. Nada se me tenía que escapar, era mi momento Hollywood, quizá mis únicos minutos de fama en la vida. Juzgado seré por varios sin dudar, pero ¿acaso la fama no llega de forma imprevista, como azar del destino? ¿Qué no Harrison Ford no era más que un vil carga madera o carpintero en el set de Star Wars? Cansado o no, era capaz de cargar maderos o traer café con tal de ser la coestrella de la siguiente película en Las Vegas.
Me pasé la mano por el copete para verificar su estado, tomé un imagen de mi persona para revisar niveles de grasa en la frente, limpié mis lentes y comencé a pensar en la película de la que sería estrella, bueno extra, pero sería y el ser es lo que pesa. Ocean’s 14 a Mexican joins the gang, Locura de amor en Las Vegas 2, amor latino. Quizá algún remake de un filme clásico como Casino o mi favorita Hangover 3, don’t mess with me amigo.

“Yes, I can act”, repetía en mi cabeza y en voz baja. “Mister De Niro is such and honor to work by your side”, “Miss Diaz I love your last movie with Tom”, deliraba, enajenado entre flash fotográficos, cámaras rodando (de grabar) o literalmente volando a mi alrededor y con posibilidades infinitas en la mente, todas ellas igual de descabelladas. Pero lo único real en esa acera era el motivo de mi presencia en Las Vegas, mi compromiso con el viaje y la agenda que debía cumplir. Tenía que seguir paso, miré el hotel a donde debía dirigirme, se veía tan cerca, tan claro, tan grande; no era así, como cualquier otro espejismo en el desierto de Las Vegas -incluso el de la fama- mi hotel estaba más lejos de lo que aparentaba.

Esto no es un helicóptero de esos de centro comercial que te venden por $300 pesos
¿Nos detenemos a pensar?
Ahí mi historia pues. Luego de perder la cabeza por una fama efímera que nunca existió, recordé aquel letrero que marcó el inicio de toda mi fantasía. Uno en el que cedía al uso total de mi imagen sin posibilidad a reclamo alguno. ¿Pero quién no estaría dispuesto a ceder con tal de ser famoso, por más fugaz que sea el sentimiento? Algunos dirían ¿Qué no daría por ser famoso? O, daría lo que fuera por tener.
Es ese, en mi humilde opinión, uno de los principales problemas que enfrentamos en las sociedades: ¿No saber a qué cedimos o qué entregamos? Y en el web no es distinto, al contrario es peor. Letreros como el que yo encontré ese día en la calle nos rodean todos los días en nuestro navegar. En forma de pantallas de Acepto o No Acepto, como contratos de usos y servicios, en forma de aplicaciones en redes sociales y en equipos móviles, en servicios de navegación, en software, en videojuegos.
Pregunto: ¿Alguien conoce a qué cedió cuando colocó ese acepto en Facebook? ¿Qué tal en Twitter? ¿Quora? ¿Dropbox? ¿iTunes? ¿Skype? ¿Gmail? ¿YouTube? ¿MercadoLibre? ¿Amazon? ¿Alguno?
Soy editor de b:Secure, una de las pocas publicaciones dedicadas enteramente a la ciberseguridad en México, y confieso con preocupación que, de las mencionadas, únicamente conozco a lo que accedí en dos de ellas. Dos de cuántos programas, servicios o páginas a las que he entregado mis datos. Dos que al menos conozco si se harán responsables de mis datos si los pierden, si se los roban o si se dañan. Dos y no más. ¿Lo sabían los usuarios de PS3 cuando se suscribieron a la PSN? Mal que bien Sony ha dado la cara, tarde pero la dio. ¿Cuántas más harían lo mismo? ¿Cuántos asumirían responsabilidad de un caso similar? Peor aún, ¿cuántos, a sabiendas de esta realidad, podrían colocar que en caso de robo o pérdida de los datos personales de sus clientes no se harán responsables? Justo como lo hacen los Valet Parking o estacionamientos con los objetos de valor no reportados o entregados o con los daños detectados u ocurridos al vehículo, que no sea robo o pérdida total. Es bueno vivir en una era donde la tecnología pone a un clic de distancia nuestras necesidades. Algunos dicen que tiene que pasar, que es parte natural de la evolución humana. Tampoco creo en los catastrofistas. La famosa frase de “estaba en la letra chiquita” existe porque esos contratos están creados para no leerse, para ser aburridos, para dar “siguiente” (next, si eres multilingüe como yo) y seguir adelante. México ya tiene Ley de Protección de Datos Personales, una que promete que en casos como el de Sony, la empresa salga impune en caso de pérdida, daño o robo de datos. Aplaudo eso. Pero la responsabilidad de nuestros datos es más nuestra que de nadie. Creo que es momento de pensar antes de ceder, eso o esperar a que se promulgue la Ley de Protección de Datos Personales en Posesión del Titular.
¿Y mi fama apá?
Al final nunca conocí, ni escuché, ni supieron decirme cuál era la película que estaban grabando. Supe, por el equipo técnico en el set y porque pregunté que sí era un producción importante. La única pista que tengo al respecto es esta imagen de uno de los actores, quizá el principal, recibiendo instrucciones del que según yo era el director y, que tomé minutos antes de dejar el set-banqueta del Bellagio. No sé ustedes pero si en efecto es un película de Batman me sentiré honrado, aunque sea esta…

Y ustedes qué opinan ¿saben qué tanto han cedido en la red y a qué? Más importante aún ¿han aparecido en cintas de Hollywood? ¿Cuáles?
May 9, 2011 at 4:12 pm
Hola Sr. Fernández de Lara o shall i call you… Mr. Charles Fernandez?
Me da gusto poder leer nuevamente su blog con aventuras siempre singulares, divertidas y al mismo tiempo educacionales y constructivas.
Sobre Las Vegas me parece un lugar interesante, nunca he ido, y no está en mis planes, pero tal vez un día vaya a solo a revivir ciertos momentos de algunas películas.
Hablando de la seguridad de los datos personales, tal vez sea algo que nos tengan que enseñar desde pequeños como cuando nuestros padres nos reiteraban no hablar con extraños o no tomar agua de la llave. Tal vez ahora tengamos que aprender a leer ese tipo de contratos que firmamos cada vez que entramos a algun sitio web o instalamos una aplicación. Tal vez un día alguien desarrolle una .app que nos ayude con nuestros problemas legales en cuestiones digitales. Que nos aconseje que aceptar y que no, donde poner los números de tarjeta de crédito y donde no.
Bueno, espero poder leerlo pronto en alguna otra aventura surrealista internacional educativa laboral.
Kind regards
Mr. Pabs Labs
June 18, 2011 at 4:47 pm
Jajajaajjajajaajaj!!!!!!!!! No puedo poner groserías, pero jajajajaajajaaj, sabes cómo te saludaría en este momento. Dos: tu batman está re chafa. Y tres: los zapato tenni para rodilla encontrada los venden afuera del hospital de ortopedia, allá por Lindavista. Jajajajajajaajajaja… estuvo buena tu columna…