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A finales de abril, el 19 para ser exactos, Iván, el hijo de Eugene Kaspersky, CEO y fundador de la empresa de seguridad Kaspersky, fue secuestrado mientras iba a trabajar en su natal Rusia. La noticia llegó al CEO mientras estaba de viaje en Londres.
El asustado papá se dirigió ese mismo martes a Rusia (los secuestradores le solicitaban un rescate de $4.3 millones de dólares).
Eugene contactó a la KGB y se iniciaron las actividades de investigación y búsqueda. Para el fin de semana no sólo se había rescatado a Iván (sin necesidad de pagar un solo centavo de dólar), sino que cinco de sus secuestradores (incluido el hombre que planeó todo) fueron detenidos.
Actuaron en conjunto el Servicio Federal de Seguridad (FSB) de Rusia, la Oficina de Investigación Criminal de la Policía de Moscú y personal de la propia seguridad de Kaspersky Labs.
Una vez pasado el susto, justo a un mes de que Iván fuera privado de la libertad por varios días, Eugene redactó una carta abierta. Lo ha hecho antes, pero esta vez no para difundir estrategias de la seguridad de cómputo o la evolución de los virus, sino para lo que, dijo, es “un tema de mayor importancia: la seguridad de nuestros niños en las redes sociales”.
Relató que las investigaciones posteriores al rescate de su hijo Ivan revelaron que los secuestradores emplearon activamente las redes sociales para el análisis de datos personales y la rutina diaria de la víctima, y se usaron después para la planificación del crimen.
“En este momento sólo podemos suponer las razones que tuvieron para tener como objetivo a Iván. Personalemente creo que la razón principal fue la excesiva disponibilidad de su información personal en la principal red social de Rusia, VKontakte, lo que permitió a los criminales rastrear sus movimientos, monitorear sus acciones y evaluar su nivel de seguridad personal”, reza la carta de Eugene.
Sucede, pues, hasta en las mejores familias. Era de esperarse que el fundador de una empresa de seguridad profesara su giro incluso en su vida personal, pero no sucedió así.
En Kaspersky Labs, se hacen programas públicos de educación para adolescentes y adultos jóvenes, y está Kaspersky Academy, la cual financia la firma a nivel mundial, para dar clases de seguridad de datos en sistemas escolares. Pero todo esto no llegó a Iván.
En la carta mencionada, Eugene se confiesa: “Este es el momento de decir ‘mea culpa’ –redacta–. Cometí un error al no cuidar y educar a Iván sobre las mejores prácticas para la exposición de datos personales en las redes sociales”.
Sería buenísimo si la lección por la que tuvo que pasar la familia Kaspersky sirve de ejemplo a todos. No olvidemos que a quien más están absorbiendo las redes sociales es a los niños y jóvenes, que no tienen un background de sigilo ante los peligros que pudieran encontrar.
Como muestra del perfil joven de las redes sociales, de acuerdo con Insidefacebook.com, una quinta parte de los usuarios de Facebook (20.6%) tiene menos de 17 años, y casi la mitad (46.4%) se compone por menores de 25 años. Lo que es peor, información de OnGuard Online revela que 22% de las personas entre 16 y 24 años no conocen a la gente con quien comparten información en las redes sociales.
Así que no hay que dejar de insistir en la urgente necesidad de revisar muy bien lo que se sube a las redes. Este nuevo medio de colaboración y comunicación no tiene marcha atrás, pero su futuro se construye hoy. Hay que quitarle el doble filo que hasta hoy tienen, pues si bien han comprobado sus múltiples beneficios en la dinámica social y profesional actual, también conllevan múltiples amenazas.
